Otro modelo de libre mercado
Este es un magnífico libro que intenta mostrarnos las incompatibilidades entre el pensamiento social cristiano y el de los liberales de la denominada Escuela Austriaca. En concreto, como bien indica (…)
Este es un magnífico libro que intenta mostrarnos las incompatibilidades entre el pensamiento social cristiano y el de los liberales de la denominada Escuela Austriaca. En concreto, como bien indica su subtítulo, es una crítica, sobre todo, de Rothbard y su obra cumbre (Man, Economy and State).
El texto, un regalo de uno de los lectores de esta sección, es el tercero en lengua inglesa que les prometí junto con el de Médaille, que prologa el actual, y el de Sibley, ambos ya comentados.
En mi opinión es menos crítica a la Escuela Austriaca de lo que se cree o, al menos, es sólo una crítica a los anarcocapitalistas que surgieron en dicha escuela a partir del citado Rothbard, que tenían raíces claras en Mises pero no en Hayek, y continúan con Hans-Hermann Hoppe. Les digo esto porque una de las críticas que suelo recibir de muchos de ustedes es mi defensa de esta Escuela, lo que creo que tal vez merezca unas líneas.
El profesor Huerta de Soto, el gran impulsor de esta corriente de pensamiento en España, hace tiempo que viene presentándose a sí mismo diciendo: cuando yo era liberal… porque ahora es anarcocapitalista. Yo, sin embargo, sigo siendo liberal en el mismo sentido que él lo utiliza, que no es el revolucionario, porque sigo creyendo que el Estado tiene un contenido mínimo con base moral, pero sobre todo sigo defendiendo a Hayek porque siempre fue un crítico del hiperracionalismo y un defensor de la tradición, no sé si como vía de conocimiento o como conocimiento destilado a lo largo de las generaciones.
Con mucha frecuencia, los anarcocapitalistas, los libertarios en traducción literal del inglés, no son sino, como dice Kirk, unos “doctrinarios radicales que desprecian el legado de manos de nuestros ancestros (…) son anarquistas “filosóficos” vestidos de burgueses. De las viejas instituciones de la sociedad, sólo la propiedad privada les parece digna de ser conservada“, porque la gran crítica a la Escuela Austriaca reside, citando de nuevo a Kirk, en “la gran línea divisoria de la política moderna (…) no es la trazada entre totalitarios, por un lado, y liberales (o libertarios), por otro, sino la que separa a quienes creen en un orden moral trascendente, por un lado, de los que, por otro lado, cometen el error de pensar que nuestra efímera existencia individual es el fin último de todas las cosas“.
Hayek, en La fatal arrogancia. Los errores del socialismo reconoce que la actitud religiosa judeo-cristiana (y dentro de la cristiana yo diría que señala claramente al Catolicismo) explica mucho mejor que en el racionalismo las instituciones merecen salvarse porque son la base de nuestra civilización: la familia y la propiedad. Sin embargo, Hayek reconocía que no había alcanzado la fe y que le era difícil entender qué era Dios (en mi opinión porque la pregunta era incorrecta: debería haberse preguntado quién era Dios).
Pero vamos a centrarnos en el libro. Lleva razón el texto en que el libre mercado del que hablan los austriacos no existe, es una ilusión, contra la que precisamente los grandes empresarios han luchado siempre. Sin embargo, creo que en este tema yerra el tiro porque los austriacos piensan lo mismo: su libre mercado, es un modelo ideal que saben que no se ha alcanzado jamás y contra el que luchan los grandes empresarios y el Gobierno.
De hecho coincide este texto con la crítica del comentado de Médaille, que comparto, de que en la lucha entre keynesianos y austriacos, lo que no deja de crecer es el Estado. Claro que esto sólo puede deberse, y esto lo añado yo, a que siempre ganan los primeros o a que los segundos, en la práctica, son menos liberales de lo que se creen porque no han emprendido nunca una crítica seria al tamaño empresarial como, sin embargo, sí hace Röpke, que era creyente.
El libro tiene para escribir una tesis. Es muy sugerente y se lo recomiendo vivamente. Sin embargo déjenme centrarme en dos aspectos. El primero porque, aunque conocido, nunca está de más recordarlo por el error que supone. El segundo porque me ha resultado muy divertido.
Ahí va el primero: acusa Ferrara a Mises y Rothbard de cristofobia. En el caso del primero es cierto. No tienen ustedes más que leer su Socialismo, para encontrar una encendida defensa de la Iglesia como organización que tergiversa el mensaje socialmente peligroso de Cristo. Es claro que Mises, no entendió nada
El segundo: Hans-Hermann Hoppe ha descubierto las bondades de la monarquía tradicional hereditaria. Una dinastía gobierna, según él, un territorio con la misma finalidad que un presidente: obtener el mayor rendimiento posible del mismo. Pero mientras la primera tiene un interés en maximizar el valor de su capital, porque tiene visión de largo plazo lo que impide que lo esquilme, el segundo no. Es la diferencia entre el ganadero y el cazador furtivo. Así, Hoppe en su texto, Democracia: el dios que falló, terminó por condenar la Revolución Francesa y reconocer las bondades de la Monarquía Tradicional.
Al final, mucho de lo que estos austriacos, que tanto me gustan, han terminado por descubrir ya lo sabían otros que se había dedicado al Derecho y la oración, en lugar de a la Economía. Tengo la sensación a veces de que algunos economistas estamos descubriendo el Mediterráneo que ya no se mira en las facultades de Derecho. En cualquier caso, bien está todo si terminamos poniendo a los economistas a este lado de la línea que trazó Kirk.
The Church and the Libertarian
Autor: Christopher A. Ferrara
Editorial: Remnant Press
Número de páginas: 390
Publicado en http://www.hispanidad.com/

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