Flannery O´Connor: Católica en el Sur
El mal existe y el dolor también. Después de que el viento se lo llevara todo, el sur de Estados Unidos se convirtió en una buena tierra para darse cuenta (…)
El mal existe y el dolor también. Después de que el viento se lo llevara todo, el sur de Estados Unidos se convirtió en una buena tierra para darse cuenta de ello, aunque en realidad no es necesario visitar Atlanta en llamas, la existencia de esa incómoda pareja es una certeza tan grabada en nuestras entrañas que nos pasamos la vida procurando olvidarla, o buscando un analgésico perfecto que nadie acaba de inventar. Ni siquiera la religión es un refugio, ni siquiera es una casa impermeable, la fe no es la poción mágica de Panoramix ni tampoco el club de campo de las personas decentes. Flannery O´Connor lo tenía bastante claro: “No nos damos cuenta de lo que cuesta la religión. Piensan que la fe es una gran manta eléctrica, cuando de hecho es la cruz”.
Toda la mala literatura desciende de una mala teología, por eso -a sensu contrario- no extraña saber que esta sureña -gran maestra del relato corto- leía todas las noches a Tomás de Aquino. John Wauck, profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, dice que el estilo de O´Connor “es un ejemplo de lo que el arte católico puede lograr cuando tiene influencias teológicas sofisticadas, junto a un fondo filosófico riguroso”. Esto lo entendemos bien al comprobar la fascinación que puede ejercer una catedral gótica sobre el agnóstico más recalcitrante, pero es más difícil poner ejemplos en la literatura, donde el apellido de “católico” parece capitidisminuir al escritor, y no sólo por el cerco de rencor o de silencio que en ocasiones se diseña contra su obra, sino a veces por una estrechez creadora, como si hubiese que aplicar los mandamientos también a los adjetivos, o perfumar con incienso cada renglón. No es el caso de Flannery, y siguiendo con el ejemplo de la catedral, resulta curioso verla catalogada dentro del llamado “gótico sureño”, aunque es una etiqueta desacertada porque pretende encasillarla en la parada de los monstruos que caracteriza a esa literatura, un naturalismo tardío que se empeña en mostrar lo más grotesco de la realidad, pero sin concluir verdad alguna. Flannery puede coincidir en el tiempo y el espacio con esa corriente, incluso también en las formas, pero su planteamiento literario se atreve a profundizar en el misterio del mal, del dolor y la fealdad, es decir, que no se limita a retratarlo como desagradables consecuencias de vivir en un cuerpo corruptible. “Mis lectores son gente que creen que Dios está muerto. Escribo para un auditorio que no sabe lo que es la gracia y que no la reconoce cuando la ve. Todos mis relatos tratan sobre la gracia en un personaje que no la desea, por eso la mayoría de la gente piensa que las historias son duras, sin esperanza, brutales”.
Tener estas intenciones al escribir, y encima confesarlo públicamente, parece una especie de suicidio cultural, y sin embargo resulta que esta escritora, católica en el protestante Sur, obtuvo un éxito notable, y que todavía está considerada como figura imprescindible de la cultura estadounidense del pasado siglo. Toda una lección para quien considera que ya no pueden construirse catedrales como las de antes, o quien justifica su pereza o su fracaso aludiendo a la incomprensión del mundo.
Murió antes de cumplir los cuarenta, vencida por una una enfermedad degenerativa -la misma que acabó con la vida de su padre- que se había manifestado muy pronto, obligándola a estar postrada largas temporadas y a caminar con ayuda de muletas. En sus cuentos y novelas se encuentran rastros de Bloy, de Bernanos, mezclados graciosamente con Poe y Joseph Conrad, y también algo de Evelyn Waugh o Graham Greene. Su lectura puede producir tanto desasosiego como todos los anteriores, quizá porque el lector moderno, como ella misma explica, tiene “su sentido del mal diluido o ausente totalmente, y por ello se olvida el precio de la restauración. Ha olvidado el precio de la verdad, hasta en la ficción”.
Nació en 1925 en Savannah, Georgia, única hija de una acomodada familia de ascendencia irlandesa. En 1952 aparecieron sus primeros relatos y más tarde su novela “Sangre sabia” fue llevada al cine por John Huston. Enferma de lupus, pasó los últimos trece años de su vida en la granja familiar, dedicada a su obra y a la cría de pavos reales. Falleció en agosto de 1964. Como ni siquiera Jimmy Carter es capaz de hacerlo todo mal, cuando era gobernador de Georgia estableció el Flannery O´Connor´s Day. También un prestigioso premio literario lleva hoy su nombre.
Publicado en Galería de Heterodoxos

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1 comentario a “Flannery O´Connor: Católica en el Sur”
By Jurandir on Jul 14, 2012 | Responder
hola alicia te he eavdnio una solicitud de amistad FB pero es tanta la distancia y por si acaso alguien quiere suplantarte he decidido entrar en tu web.las amistades ves que son sanidad, sonia salas y geovany.me encantaria dialogar contigo sobre temas comunes, soy funcionario en espaf1a en seguridad social y soy socialista. Ah una aclaracif3n y no es por renunciar a ideologias, tengo grandes amigos liberales e incluso mas a la izquierda que yo, la edad me ha moderado.un saludo, pepe gil