¿Quién va ganando en la carrera hacia la Casa Blanca? Es la pregunta que está dando la vuelta al mundo a tres meses y medio del esperadísimo voto del 4 de noviembre en las presidenciales americanas, cuando ha comenzado el tour por Europa y Oriente Medio que pone a Barack Obama en el punto de mira y a pocas semanas de las grandes convenciones de ambos partidos, Demócrata y Republicano, que lanzarán al vuelo final a Obama y a su adversario, John McCain.
Artículos en ‘American Review’
Los americanos están empezando a notar la elevada opinión que tiene Obama de sí mismo. No hay ninguna novedad en el narcisismo en política. Cada senador se mira al espejo y ve un presidente. ¿Ha existido no obstante alguna vez un candidato presidencial con un vacío mayor entre su valoración de sí mismo y la suma total de sus éxitos vitales?
Cuando una campaña presidencial puede llegar al mes de julio con errores de este calibre, mientras enfrente tiene un equipo que es capaz de utilizar a las niñas del candidato con hábil intención electoral, las perspectivas para McCain toman color de teléfono antiguo.
El candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, ha decidido entrar en la historia lo antes posible y sus prisas por conseguirlo empiezan a generar quebraderos de cabeza.
Cuando ya hemos pasado el Cuatro de Julio, la campaña electoral presidencial sigue en pleno auge. John McCain está decidido a luchar por los Estados más competitivos en noviembre.
Por segunda vez en un año el candidato republicano a la Casa Blanca cambia a su jefe de campaña. No es de extrañar.
Sean quienes sea los elegidos, deberán equilibrar sus respectivos tickets electorales y contribuir con cualidades específicas a los perfiles de Obama y McCain.

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