Ahora más que nunca, el Gobierno Federal aparece cada vez más como valedor y controlador de todos los servicios posibles. Basta mirar el tamaño de sus operaciones financieras y sus presupuestos de gasto público. Basta contemplar sus actividades en diferentes campos y terrenos. Basta observar el alto porcentaje de impuestos que los ciudadanos pagamos para mantener funcionando a esos gobiernos y a toda su burocracia de poltronas, coches oficiales y viajes a cuenta del contribuyente.
Artículos de Alberto Acereda
¿Qué hay que matizar respecto al deseo de todo individuo de que el gobierno no invada su libertad? ¿Qué gaitas hay que templar en cuanto a apoyar la defensa inalterable de la ley y la seguridad de los ciudadanos?
El siglo XX nos enseñó que las figuras políticas más antirreligiosas, y en particular los más enconados enemigos de la tradición judeo-cristiana, fueron precisamente quienes más daño han hecho a la humanidad: Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot…, militantes todos en el odio a los valores religiosos que forjaron Occidente.
En la Declaración de la Independencia (1776), carta fundacional de los Estados Unidos, Thomas Jefferson y otros de los Padres Fundadores establecieron algunos de los fundamentos de la libertad. Allí nos hablaron de ciertas “verdades que son evidentes por sí mismas” y que consisten en que todos los seres humanos somos creados por igual, que nuestro Creador nos dota de ciertos Derechos inalienables y que entre ellos se encuentran “la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad”. Esas palabras son también los cimientos del movimiento que aquí en Estados Unidos llamamos “conservador”.
La ciudad en la cima es un libro de viajes por la historia y la cultura popular de EEUU. Al hilo de las palabras que John Winthrop dirigió a los peregrinos que en 1630 condujo a las costas de América (”Seréis como una ciudad en la cima. Los ojos de todos los pueblos estarán sobre vosotros”), Martín Alonso escribe sobre el excepcionalismo americano.
El sistema norteamericano de salud dista de ser una fórmula perfecta pero sigue siendo todavía el más eficiente del planeta.
La izquierda norteamericana y toda su vieja maquinaria mediática e ideológica ha entrado ya en estado de pánico ante el aterrizaje en la alta política nacional de Sarah Palin.
Para la Convención Nacional Republicana del próximo agosto McCain no tiene prisa todavía en elegir a su compañero de viaje, pero deberá hacerlo sin mucha demora en las próximas semanas, pase lo que pase con Obama o la Clinton.
No decimos nada nuevo al afirmar que los votos de los hispanos serán decisivos el próximo noviembre para elegir al próximo presidente de los Estados Unidos.
El libro de Newt Gingrich en versión española “Descubra la fe de una nación” nos invita a recorrer Washington, D.C. Con ello, comprobamos cómo en el espacio público y urbano de la capital norteamericana se hallan constantes referencias religiosas, fuentes históricas de la libertad norteamericana. Gingrich prueba documentalmente cómo los padres fundadores de EEUU comprendieron que para mantener la libertad en una sociedad libre se necesitaba poseer una inclusiva y firme creencia en Dios.

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