El arte, no importa cuál sea, de alguna manera nos pone ante el drama de la vida humana. Hasta el que lo quiere esquivar en una huida esteticista lo está (…)
Artículos de Alfonso García Nuño
La lectura del Discurso del método de Descartes está siempre llena de interés. Es sumamente sugestiva la confianza que exuda el autor en todos los rincones de su escritura; parece como si todo se le mostrara franco y abierto ante los ojos, como si la razón no pudiera encontrar obstáculo alguno que impidiera la marcha del saber del hombre y, por consiguiente, de su hacer.
En los albores del cristianismo, el estado de opinión en contra de la naciente religión no tenía apoyo en ninguna argumentación literaria sólida, y muchos de los cargos que corrían de boca en boca eran falaces e incluso disparatados.
Una de las cosas que más caracterizó al s. XX fue hasta qué extremo llegó en él la oclogogía, es decir, la manipulación de las masas; en la que está incluido el arte de convertir el pueblo (demos) en turba (oclos). Y, claro, como se trata de un fenómeno histórico, no es algo que haya ocurrido por casualidad, sino que tiene detrás de sí toda una larga gestación. Pero ¿quedó a las espaldas el problema al pasar la hoja del calendario?
¿Qué es eso de la Educación para la ciudadanía? ¿Qué significado tiene? Thomas Hobbes, uno de los pensadores más materialistas de la historia, aunque hablara de Dios, y uno de los padres de la estatolatría, se pregunta en su Leviathan (2,17) por qué los hombres no actúan como lo hacen los animales llamados sociales, como hormigas, abejas, etc. Para él sería ideal que en la sociedad humana reinara la paz. Sí, la paz, pero la paz del hormiguero, de la colmena o del termitero.

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