Las elecciones son un puro referéndum sobre Obama y el comportamiento de las cámaras demócratas durante sus dos primeros años. El último esfuerzo del partido gobernante ha sido tratar desesperadamente (…)
Artículos de GEES
La gente normal piensa que el Estado sirve para defender la vida y la hacienda. La izquierda, en cambio, cree que es una inmensa compañía de seguros.
Tras la crisis de (…)
Al partido de la oposición suele irle mejor en las importantes elecciones del medio mandato que en las presidenciales de dos años antes. Pero los bandazos de la política americana (…)
Hubo elecciones en Estados Unidos, justo un año después de la victoria de Obama, siempre el primer martes después del primer lunes de Noviembre, que volvió a caer en 4.
En este nuestro Viejo Continente, existen dos grupos de personas que se están convirtiendo a marchas crecientes en un peligro auténtico para la libertad de expresión.
No se puede sobrevivir al Despacho Oval haciendo filosofía de andar por casa, porque los problemas son reales y concretos. Tampoco posando aquí y allá como un actor de moda, porque la responsabilidad del cargo va bastante más allá de las sonrisas y lágrimas.
En el continente europeo existen tres crisis superpuestas: la institucional, la económica y la espiritual. La abstención, vencedora con un 57%, supone un aviso a la primera, y quizá un rechazo a los excesos retóricos del anticapitalismo ambiente de la segunda, pero deja intacta la última, que sigue estando ahí y que tarde o temprano tendremos que abordar.
Cuando una sociedad empieza a considerar el aborto un derecho, y sus gobernantes dicen que van a poner todos los medios necesarios para matar a los no-nacidos, es que algo marcha muy mal, y la inversión de valores va adelantada.
Obama es, parafraseando al gran Churchill, un acertijo, dentro de un enigma, envuelto en un misterio. Tiene ante sí un gran reto. Y una excelente oportunidad. La energía que ha generado y acumulado en torno a sí mismo le permite encarar el futuro con un gran capital político a su favor.
Según el último informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada, 350 millones de cristianos sufren persecución religiosa en el mundo. Muchos de ellos en conflictos y guerras de enorme monstruosidad, donde son víctimas preferidas de ejércitos y guerrillas. Pero otros son perseguidos por regímenes que no toleran la existencia de ninguna creencia situada más allá de los límites del Estado, según claros criterios ideológicos perfectamente llevados a cabo con una administración pública engrasada y preparada.

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