Resuena hoy en España una palabra que muchos veneran, que todos pronuncian con gravedad y a la que la mayoría otorga ese poder sacramental que tienen las voces cuyo efecto (…)
Artículos de Guillermo Elizalde Monroset
En los últimos meses se ha sabido que numerosos eclesiásticos católicos abusaron sexualmente de menores durante la segunda mitad del s.XX, y que algunos obispos encubrieron los hechos. A pesar (…)
Muchos impugnan la nueva ley del aborto española diciendo que abortar no es progresista. Sin embargo, el aborto parece inseparable de la Modernidad y de su ideología nuclear, el progresismo.
La Ilustración se levantó sobre la convicción de que la religión se debilita donde la sociedad se moderniza. Allí avanzaban la libertad, la democracia, la ciencia, la razón y el bienestar, allí debía retroceder la fe. Dios era el nombre de la ignorancia, de la superstición que el progreso se encargaría de cercar y disminuir. Europa se lo creyó, y hoy Dios sólo es importante en la vida del 20% de los europeos. Muchos esperan que la globalización exporte la estadística para que advenga por fin el triunfo planetario del secularismo.
Secularismo y yijadismo representan un retroceso histórico de veinte siglos, a los tiempos en que el César y Dios se confundían. El “Si, podemos” del secularista Obama significa que el criterio último de razón es la voluntad del hombre. El “Sólo Alá legisla”, del yijadista Sayyid Qutb, significa que la voluntad de Dios puede estar más allá de la razón.
La redefinición de la igualdad como nivelación forzosa de lo justamente desigual, y su consecución mediante el menosprecio de la virtud, es una ideología inicua, se llama igualitarismo y es el sello político del gobierno Zapatero.
En el islam la razón se encoge y deja de ser, como dijo Chesterton, el representante de Dios en el hombre; la política se agiganta y pasa a ser el reino de Dios entre los hombres.
El caso del PP catalán
Guillermo Elizalde Monroset
Hace ahora cinco noviembres que CiU perdió el gobierno de Cataluña. El Pacto del Tinell leproseó al PP y colocó en la Plaza de (…)
Lo más significativo de las últimas elecciones generales no fue la conquista del territorio radical por el PSOE, ni la conversión de Cataluña en un pecio tan socialista como Andalucía, ni la doliente inanidad de Rajoy.
En mayo de 2004, después de seis décadas de ateísmo militante, el mayor apologista ateo desde Hume y los filósofos alemanes del siglo XIX admitió la existencia de Dios.

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