Para muchos, la lección de Benedicto XVI en Ratisbona se quedó en una imprudencia que provocó la ira del islam y azacaneó el choque de civilizaciones. Pero las palabras del Papa impresionaron en los ámbitos intelectuales más despiertos. En EEUU, el influyente Padre Neuhaus acuñó la expresión “el Momento de Ratisbona”, y George Weigel aclamó la intervención como un hito del pontificado.
Artículos de Guillermo Elizalde Monroset
Cuando cayeron las Torres Gemelas, Robert Spencer decidió escribir Islam unveiled (2002), una obra de referencia sobre la religión en cuyo nombre humeaba el cráter de Manhattan. Después vino Inside Islam (2003), una sencilla pero completa guía del islam para católicos escrita por Spencer y el converso Daniel Alí. David Horowitz, uno de los pocos francotiradores de la comunicación que se atreve con Hollywood, encargó a Spencer que divulgara las actividades globales del yihadismo desde la página Jihad Watch.
El pasado septiembre los norteamericanos recibieron un mensaje contra el colonialismo, la globalización, el sistema capitalista, las grandes corporaciones, el préstamo con interés, los neocons, la guerra de Vietnam, la Inquisición y el calentamiento global. En definitiva, una buena síntesis de manías socialistas apoyadas en citas de Noam Chomsky. Ahora bien, el mensaje no proponía el socialismo, sino el islam. Y lo firmaba Osama Ben Laden.
El pasado septiembre los norteamericanos recibieron un mensaje contra el colonialismo, la globalización, el sistema capitalista, las grandes corporaciones, el préstamo con interés, los neocons, la guerra de Vietnam, la Inquisición y el calentamiento global. En definitiva, una buena síntesis de manías socialistas apoyadas en citas de Noam Chomsky. Ahora bien, el mensaje no proponía el socialismo, sino el islam. Y lo firmaba Osama Ben Laden.
La última carta pastoral de Román Casanova, obispo de Vich, llama a los eclesiásticos a no meterse en política. En Cataluña, esta advertencia no puede referirse más que al nacionalismo. Por desgracia, hace muchos años que la fe es instrumento del poder político en el Principado. Y las consecuencias son desoladoras.
Desde que se vio crecer, Rusia se preguntó por el sentido de su existencia en la historia universal. La respuesta estuvo siempre vinculada al cristianismo ortodoxo. Pero al final no fue una misión religiosa, sino ideológica, la que encumbró a Rusia entre las naciones. La Rusia bolchevique suplantó a la Santa Rusia. No se trataba ya de unir a toda la humanidad junto a la cruz, sino bajo el ateísmo. El ideal se ahogó en sangre, y hoy Rusia vuelve a buscar su misión.
No hace mucho que hemos visto 300, una versión cinematográfica de la gesta de las Termópilas según la cuenta el descolorido tebeo de Frank Miller. El cómic recuerda cómo, durante tres días, los trescientos espartanos de Leónidas detuvieron la desbordante invasión persa de Grecia en un angosto desfiladero. A muchos les ha sorprendido que algunos progresistas elogiaran el episodio.
La revista Wired nació en 1993 para divulgar el impacto social de la tecnología. Su tono libertario, excéntrico y tecno-utópico, ha logrado fidelizar a cientos de miles de suscriptores. El pasado noviembre, Wired mostraba en su portada una estrella brillando en la tiniebla del espacio: “El Nuevo Ateísmo. No hay cielo. No hay infierno. Sólo ciencia. Dentro de la cruzada contra la religión”.
Dostoyevski pensaba que la revolución francesa fue en esencia un cambio de señores: “no se logró otra cosa que renovar el despotismo, un «quítate tú de allí que me pongo yo»; los nuevos triunfadores, los burgueses, eran quizá peores que los antiguos déspotas, los nobles”. En la revolución soviética de 1917 ocurrió lo mismo. Y tal vez también en el régimen de Putin.
Pocos saben qué es realmente la Alianza de Civilizaciones. Si reflexionamos sobre sus objetivos, sus patrocinadores y su recientemente publicado programa de acción, comprobaremos que se trata de la forma internacional que está adoptando el secularismo en el s.XXI.

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