Todo lo que en la educación no es realidad, es ideología. Desde los tiempos remotos de lo humano primero, la educación es una introducción a la realidad mediante un lenguaje significativo, que se basa en un diálogo que demuestra que la persona no está presa en el gabinete de espejos de las interpretaciones.
Artículos de José Francisco Serrano Oceja
¿Quién nos ha robado al Niño, quién se ha empeñado en acabar con la infancia?, ¿es acaso el mismo que nos ha hurtado la Navidad? No fueron pocos los pensadores, en no pocas ocasiones profetas de calamidades, que nos habían hecho creer que nos encontrábamos en el cenit de la historia, que habíamos llegado a su fin. Una meta de madurez, de equilibrio, de estabilidad que, acabados los paraísos perdidos, las utopías de los lugares imposibles y felices, nos condujera hacia un estado final de perfección social y moral.
Monseñor Fernando Sebastián, otrora arzobispo de Pamplona y de Tudela, acaba de publicar, en la editorial Encuentro, una gavilla de sus más incisivos artículos en diversas publicaciones, Cartas desde la fe. Son un diagnóstico de la situación de la Iglesia en España que bien merecen la glosa periodística y la reflexión de sus contenidos principales en un contexto político, social y cultural en el que se está produciendo un deterioro del espíritu laico en pos de una cruzada laicista; un deterioro de los hábitos intelectuales, del pensamiento y de los pensadores en nuestros días.
Mucho se han desgañitado los defensores de tender puentes entre el cristianismo y el socialismo hispánico en intentar explicarnos el concepto, y sus efectos, de una laicidad integradora. Y ahora viene el socialismo de Zapatero y decreta la exclusión desintegradora de los capellanes en los hospitales.
El profesor Myroslav Marinovich, vicerrector de la Universidad Católica de Ucrania, confesó ante más de mil personas el pasado fin de semana en el Congreso Católicos y Vida Pública, silenciado por los medios alérgicos a lo no políticamente correcto y manipulado por los medios torticeramente correctos, que después de haber pasado diez años en el Gulag había pagado un alto precio por el derecho a poder decir la verdad, y recalcó a renglón seguido: “allí me encontré con Dios”.
Cuando el responsable del dicasterio romano Justicia y Paz, el cardenal Martino, anunció que las instituciones de la Iglesia, tal y como lo habían hecho anteriormente varios episcopados, iban a retirar las ayudas a Amnistía Internacional, no pocos epígonos del progresismo patrio y patriótico se rasgaron las vestiduras. La Iglesia otra vez, pensaron. Ya está la infame, el fundamentalismo, atacando la raíz de las libertades que legitiman el voluntariado universal. Voluntarios del mundo, uníos.

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