En ningún país occidental ha ocurrido algo parecido. Una sociedad avanzada y diversa, como la española, no puede vivir con una única referencia cultural e ideológica. Necesita pluralidad, debate.
Artículos de José María Marco
Esperanza Aguirre es una mujer valiente. Así que se ha atrevido a hacer algo raro en la vida política actual, y no sólo en la española: reflexionar, por escrito, en voz alta, sobre algunas de las grandes ideas que han configurado la vida política propia de nuestra civilización. El resultado es un libro, sumamente ameno, que nos propone la lectura de muy diversos autores, desde Pericles hasta Juan Pablo II.
A finales de septiembre de 1935, los escritores Iliá Ilf y Evgeni Petrov salieron de Moscú. Cruzaron Europa y, después de pasar unos días en París, embarcaron en Le Havre en el lujoso trasatlántico Normandie, rumbo a Estados Unidos.
El centro derecha tiene medios, personas, ideas, tradición y propuestas en abundancia sobrada. Otra cosa es que les haga caso, o al menos no intente acabar con ellos.
No ha habido hasta ahora, por parte del centro derecha español, restricción alguna del gasto. En la Comunidad de Madrid sí que se han rebajado o suprimido en parte algunos ingresos. Pero los gastos han seguido aumentando.
Estos jóvenes se creen investidos de derechos que la sociedad les debe garantizar conforme a sus méritos intrínsecos, sin necesidad de más demostración. Se les ha dicho que deben ser rebeldes y se han creído que lo son.
Aparece un libro clave para comprender la génesis del proyecto socialista “zapaterista”.
¿Sabían ustedes que durante los años del Terror, tras la expropiación de los llamados “bienes del clero” (eufemismo para no hablar de bienes de la Iglesia), se puso a la venta Notre Dame de París… y no se encontró comprador alguno? En la capital francesa se demolieron, por odio anticristiano, multitud de iglesias y conventos. Como la tarea de destrucción era ardua, un arquitecto frustrado inventó un sistema para destruir iglesias… ¡en diez minutos!
Víctor Kravchenko murió violentamente en 1966, como consecuencia de unas heridas de bala. Ruso, ingeniero de profesión, había ganado dinero en Perú y se había instalado en Manhattan. Su hijo nunca creyó que la muerte fuera un suicidio. Siempre mantuvo que su padre fue asesinado por los servicios secretos soviéticos. No resulta inverosímil.
Parecía que el famoso Supermartes, el más supermartes de todos los supermartes de la historia de EEUU, iba a aclarar el panorama y despejar el nombre de los dos candidatos a la Presidencia en las elecciones de noviembre. Pero los opinadores proponen y los votantes disponen, como ha dicho un comentarista político norteamericano en un saludable ejercicio de humildad.

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