El PP acaba de convertirse en apenas un Consejo de Ministros en el partido de los impuestos altos. Si algo quedaba de aquella formación que decía apostar por los impuestos (…)
Artículos de Juan Ramón Rallo
Este lunes, el ínclito Paul Krugman volvía a la carga contra la desnortada política económica europea: “La austeridad no ha funcionado”, clamaba.
Según el de Princeton, transcurrido más de un año desde (…)
Lo que ha hecho Zapatero no es recortar derechos sociales, sino ilusiones sociales. No nos está atracando ahora, cuando sólo se resigna a no repartir aquello que no tiene, sino cuando se endeuda para obligarnos a gastar aquello que no nos podemos permitir.
Decía Rothbard, en su enorme Historia del pensamiento económico, que la mayoría de los textos sobre teoría económica comienzan con Adam Smith, como si con anterioridad al escocés sólo hubiese el vacío. No en vano el autor de La riqueza de las naciones es considerado casi universalmente “el padre de la ciencia económica”.
Ciento sesenta y cinco millones de dólares en bonus querían repartirse los directivos de AIG, la aseguradora que habría quebrado varias veces si el Gobierno de Estados Unidos no la hubiese rescatado. Tiene mérito: muchos no hemos arruinado a nadie y, pese a ello, el Gobierno no nos ha recompensado con una lluvia de millones.
El pasado lunes se dio a conocer que el déficit por cuenta corriente español alcanzó en abril la cifra récord de 40.000 millones de euros, un 15,5% más que en el mismo período del año anterior. A pesar de que esta estadística suele ser objeto de menos comentarios que la evolución mensual de la inflación o de la tasa de paro, estamos ante una manifestación exacta de la crisis en que estamos inmersos.
Ciudadela acaba de publicar la traducción del magnífico libro del historiador liberal Thomas Woods Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental. Acostumbrados a oír que el catolicismo ha supuesto un freno para el desarrollo intelectual, científico, jurídico y artístico de Occidente, resulta gratificante recorrer las páginas de esta obra y dar con contribuciones esenciales de la Iglesia de Roma a nuestra sociedad.
Que la educación pública es una herramienta del Estado para manipular a la población es un hecho tan incontrovertible que no debería necesitar mayor demostración. La escolarización compulsiva y el control del programa educativo no pueden tener otra finalidad que la inculcación deliberada de una serie de ideas favorables a quien las impone.

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