Hay demasiada política y demasiada mala política. Se atribuye a la hegemonía de los partidos que el clima sea crispado. En realidad, lo que sucede es que carecemos de minorías selectas con suficiente peso como para despojar a la política de sus excesos de mediocridad.
Artículos de Valentí Puig
El reparto de papeles resultaba de gran comodidad teórica: para los Estados Unidos, el «hard power»; para la Unión Europea, el «soft power». Así, la vieja Europa se quedaba con el coche-cama de la felicidad internacional, regalando caramelos, fondos de ayuda, diplomacia de buenas intenciones. Para Washington, decididamente belicoso y pendenciero, los mísiles, la intervención armada, la política del «cow boy», el tente tieso.
La contención emotiva que era en el pasado un elemento del comportamiento público ha sido sustituida por el emocionalismo, el masaje emotivo de los lenguajes corporales y esa suerte de (…)
Sobre si quedan o no intelectuales en España, lo poco que hay que decir es que quedarán intelectuales mientras alguien se considere o autodefina como intelectual -es decir, el intelectual medio- y, sobre todo, mientras alguien requiera de los servicios de los intelectuales para que firmen un manifiesto, condenen algo o aparezcan en televisión para defender absolutamente a una facción política. En este aspecto, pudiera continuar habiendo intelectuales de guardia, de media pensión y de lujo.
La crisis del sistema educativo es una consecuencia del fracaso escolar del socialismo. Salvo invenciones de mayor capacidad, hasta ahora el único antídoto frente al igualitarismo es la libertad.
En el mejor momento vitivinícola de nuestra historia, al Gobierno se le ocurre una ofensiva formal contra el vino. Es como la LOGSE: en el punto más intenso en la necesidad de mayores conocimientos, la ley decidió propagar la ignorancia pupitre a pupitre, aula por aula.
El método de una política exterior -decía el sabio George Kennan- es ser jardineros y no mecánicos en la aproximación a los asuntos internacionales, saber que no hemos creado las fuerzas que operan ahí fuera y que no es bueno forzarlas mecánicamente.
Cuesta mucho más adecuar un bar a las leyes antitabaco que abrir una mezquita.
La familia es la única garantía de libertad que existe entre el individuo y el Estado. Es demasiado fácil olvidar que, históricamente, todo programa totalitario pasaba de forma ineludible por la extinción de la unidad familiar.

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