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	<title>Fundación Burke</title>
	<link>http://www.fundacionburke.org</link>
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	<pubDate>Wed, 23 Jul 2008 09:20:54 +0000</pubDate>
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	<language>en</language>
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		<title>Es la hora de los conservadores</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jul 2008 09:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Hernández</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cultura y Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[El discurso que pronunció la pasada semana David Cameron, líder del partido conservador británico, volvió a poner de manifiesto cómo las ideas de esfuerzo y mérito, junto con el rechazo de una sociedad en exceso permisiva, están calando entre la sociedad, que ya demostró durante la campaña presidencial francesa lo mucho que toman en cuenta los valores a la hora de votar por un político u otro. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Acaba de publicarse en España <em>Las ideas tienen consecuencias</em>, de <strong>Richard Weaver </strong>(Ed. Ciudadela), libro fundacional del conservadurismo anglosajón del siglo XX y en el que se recogen muchos de los conceptos que últimamente utilizan en sus discursos los líderes de los partidos de derecha. Una de los aspectos que Weaver aborda en su ensayo, y es en el que más ha insistido el entorno político contemporáneo, es la metáfora de la sociedad como un conjunto de niños malcriados. Cameron afirmaba que &#8220;llevamos varias décadas en las que se han ido paulatinamente erosionando la responsabilidad, las virtudes sociales, la autodisciplina, el respeto mutuo, las conquistas a largo a cambio de la satisfacción inmediata&#8221;, algo que Weaver señalaba con profusión en su texto, ya que, aseguraba, nuestra sociedad no estaba estableciendo relación alguna entre recompensa y esfuerzo.</p>
<p><strong>Antonio Arcones</strong>, editor de Ciudadela y director de la Fundación Burke, una de las instituciones nacionales que más están haciendo por divulgar el pensamiento conservador, señala ese aspecto como uno de los problemas esenciales a los que se ha de enfrentar nuestro tiempo. &#8220;Un mundo que te promete permanentemente que lo podrás tener todo termina generando un individuo infantil y frustrado, y acaba planteando una realidad social irrealizable&#8221;.</p>
<p>Arcones culpa al Estado de la actitud vital de unos ciudadanos &#8220;que sólo esperan de la vida el cumplimiento de sus deseos; todo lo demás no les interesa nada&#8221;. También podría aducirse que esa clase de comportamientos son provocados por la publicidad y por las empresas que la pagan, pero Arcones entiende que éstas juegan un papel muy secundario. &#8220;Es cierto que se generan comportamientos perniciosos y que se cae con frecuencia en la cultura de la inmediatez, como ocurre con esa gente que hace colas kilométricas para comprar un nuevo móvil simplemente para tenerlo una semana antes que los demás. Pero también es verdad que cuando compras algo has de pagar por ello, y has tenido que hacer antes el esfuerzo de ganar el dinero con que poder adquirir el producto&#8221;. Por el contrario, &#8220;el poder político maneja un número tan elevado de recursos que le permite dar cosas a la gente como si éstas fueran gratis. Y no lo son. Pero como estamos metidos en esa dinámica de que quien da más obtiene el favor del público y gana las elecciones, los políticos no hacen más que aumentar las promesas del Estado del Bienestar diciéndole al votante que no se preocupe, que ellos les proveerán de todo lo que les haga falta&#8221;.</p>
<p>Para Arcones, existe una diferencia esencial entre Estados Unidos y Europa, y es que allí &#8220;el ciudadano medio todavía tiene conciencia de que la libertad es suya y que el Estado debe ser sólo un cooperador necesario, no el responsable último. Los estadounidenses saben que cualquier poder político es expansivo y que, por tanto, tienen que defender la sociedad a través de asociaciones, de colectivos o de sindicatos&#8221;. Sin embargo, &#8220;aquí se piensa que lo que nos libera es depender de un estado providente. Lo que es terriblemente perverso, ya que el Estado intenta sin excepción aumentar sus esferas de poder&#8221;. Eso se ve especialmente, en opinión de Arcones, en el control de la moralidad que el Estado ha tomado como propio últimamente. &#8220;En la sociedad moderna la capacidad de prescribir lo moral, es decir, lo que está bien y lo que está mal, ha pasado al Estado. Por eso <strong>Zapatero </strong>asegura en sus discursos que seguirá transformando la sociedad, ya que sus objetivos no son garantizar la Justicia, la seguridad o la cooperación básica, sino que ha asumido el papel de generador de nuevas formas de concebir la vida&#8221;.</p>
<p><strong>Qué diferencia a conservadores y progresistas</strong></p>
<p>La gran diferencia entre conservadores y progresistas reside, según Arcones, en que los primeros &#8220;reconocen el mundo tal y como es, con sus imperfecciones y con los límites que conlleva lo humano. Los conservadores creen que la vida consiste en desenvolverse correctamente en un mundo que no es perfecto y que no te da lo que quieres, y por eso mismo pretenden hacerse mejores y mejorar lo que tienen a su alrededor. Quien es de izquierdas piensa que el mundo está mal hecho y por eso aspira a producir un nuevo mundo en el que los defectos desaparecerán. El progresista cree que si se dieran determinadas circunstancias se solucionarían todos los problemas. Por eso, y ya que no es capaz de ver la realidad, la izquierda genera utopías de continuo&#8221;.</p>
<p>Pero hay un asunto, de gran presencia en nuestros tiempos, que aleja aún más a los progresistas de los conservadores, y es que aquéllos &#8220;entienden la libertad como la separación de toda clase de vínculos; los conservadores creemos, por el contrario, que uno es libre en la medida en que reconoce límites, lazos y obligaciones, ya que darse cuenta de que existen es lo que permitirá una libertad real&#8221;. En realidad, para Arcones, se enfrentan diferentes visiones antropológicas que producen consecuencias sociales muy distintas. &#8220;Ese individuo que desde hace dos o tres siglos está intentando liberarse de todo, se está convirtiendo en realidad en alguien mucho más débil y aislado&#8221;. Y en esa dirección caminan nuestras sociedades, ya que creen &#8220;que toda vinculación es un límite del que hay que zafarse, lo que se ve especialmente bien en los asuntos morales. La izquierda no es insensible con el aborto, es sólo que cree que no puede dejar que las cosas les limiten; ellos piensan que tienen que avanzar en función del progreso, que no es otra cosa que la liberación de todo aquello que les ata. Pero salirse de la realidad para buscar la utopía no te hace más feliz; simplemente impide que reconozcas la realidad&#8221;.</p>
<p>Y es que, según Arcones, &#8220;las sociedades que promueven los progresistas resultan insostenibles. Ahora estamos comenzando a notar algunos de sus síntomas. De hecho, lo que señalan los discursos de Cameron o <strong>Sarkozy </strong>es que estamos ante un punto de inflexión. Porque hasta ahora, como hemos vivido en un periodo de creación constante de riqueza, no hemos tenido conflictos sociales, pero en cuanto aparezcan los problemas económicos esto va a tomar otro cariz. Y ójala no lo veamos, pero si esto se agrava, con poco empleo y alto paro de inmigrantes, la conflictividad va a arraigar&#8221;.</p>
<p>La mejor solución para arreglar los problemas contemporáneos, según Arcones, sería aplicar muchas de las recetas que los conservadores sugieren, ya que éstas, &#8220;siendo un bien para el conjunto de la sociedad, benefician más al ciudadano medio. Una persona que gane entre 30.000 y 36.000 euros anuales, que no es un sueldo bajo, en cuanto tenga un par de hijos, es ya un paria de la sociedad. Un profesor, un taxista, un profesional que gane ese dinero vive hoy bastante mal a causa de los impactos fiscales que está sufriendo. Y eso le ocurre a toda la clase media. Quien tiene mucho dinero carece de esos problemas; y también quienes tienen ingresos bajos, ya que el Estado subvenciona el desarraigo social. Pero quienes están en medio lo pasan bastante mal. Si no se está en ninguno de los dos extremos, el sistema no tiene ninguna gracia&#8221;. Pero, asegura Arcones, &#8220;aun cuando todavía nos pueda llevar algún tiempo que el mensaje sea entendido por los políticos, hay algunos dirigentes, como Cameron, que comienzan a comprender que la promesa permanente de que el Estado nos arreglará todo nos lleva a la quiebra, económica y humana&#8221;.</p>
<p>Publicado en <a href="http://www.elconfidencial.com/">http://www.elconfidencial.com/</a></p>
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		<title>Un mundo sin niños</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jul 2008 08:38:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jeff Jacoby</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política y Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[En 1965 Italia tenía 52 millones de habitantes, de los que 4,6 millones, es decir el 9%, eran niños menores de 5 años. Pasados diez años, el referido grupo se había reducido en 300.000 unidades y representaba sólo el 7,8% de la población. Para 1985 los italianos menores de 5 años eran 3 millones, el 5,3%; hoy son 2,5 millones y sólo el 4,2% del total.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Los niños están desapareciendo de la sociedad italiana, y no parece que las cosas vayan a cambiar: la División de Población de la ONU estima que en 2020 sólo serán 1,6 millones, y 1,3 millones en 2050: para entonces, sólo representarán el 2,8% del total.</p>
<p>Italia no es un caso aislado. En Polonia hay 1,7 millones de niños menos de los que había en 1960, lo que supone un descenso del 50%. Hace treinta años, en España había casi 3,3 millones de críos; hoy apenas llegan a los 2,2 millones. En Europa había más de 57 millones de menores de 5 años en 1960; hoy no son sino 35 millones, lo que representa una caída del 38%.</p>
<p>Gracias al aumento de la esperanza de vida y a la reducción de la mortalidad infantil, la población mundial sigue creciendo. Pero los índices de fertilidad -los niños que pare cada mujer- están cayendo en casi todas partes, en Oriente y en Occidente, en los países avanzados y en el Tercer Mundo, en las democracias y en las dictaduras. Según informa la ONU, hoy hay 6 millones de niños menos de los que había en 1990; y habrá 83 millones menos en 2015 y 127 millones en 2025. Para el año 2050, los niños podrían ser menos del 5% de la familia humana.</p>
<p>Entre las razones que explican la escasez de alumbramientos encontramos las siguientes:</p>
<p>- El número de mujeres presentes en el mercado laboral se ha disparado, y muchas de ellas han retrasado tanto el momento de contraer matrimonio como el de ser madre, o directamente han decidido no seguir ese camino.</p>
<p>- Al facilitar el mantenimiento de relaciones sexuales sin tener que pasar por la vicaría, la revolución sexual acabó con lo que, para muchos hombres, representaba un poderoso aliciente para casarse.</p>
<p>- Las altísimas tasas de divorcio han hecho que las mujeres de hoy en día sean menos proclives a tener tantos hijos como quienes las antecedieron.</p>
<p>- Tantos años de adoctrinamiento sobre los peligros de la &#8220;superpoblación&#8221; han convencido a muchas parejas de que no tener hijos es algo virtuoso.</p>
<p>Como no nacen niños, las sociedades están experimentando un dramático e inexorable proceso de envejecimiento. En los años venideros el número de ancianos alcanzará cotas nunca vistas, al tiempo que el de jóvenes seguirá descendiendo. La población en edad laboral disminuirá, primero en relación con el número de jubilados y después en términos absolutos.</p>
<p>Un optimista incorregible podría ver en todo esto un montón de buenas noticias. En teoría, el hecho de que haya menos gente en edad de trabajar debería empujar hacia arriba la demanda de mano de obra y hacia abajo los índices de desempleo, lo cual haría que la economía funcionara a pleno rendimiento. Pero la experiencia cuenta una historia bien diferente. En Japón, donde los índices de fertilidad cayeron antes que en el resto del mundo desarrollado, la población activa ha estado 20 años perdiendo peso en términos porcentuales, y durante buena parte de ese tiempo el paro, lejos de bajar, ha subido.</p>
<p>&#8220;En los Estados Unidos, el número de gente con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años ha venido disminuyendo desde 1990&#8243;, ha escrito el demógrafo Phillip Longman en la Harvard Business Review. &#8220;Pero el hecho de que sean menos no ha vuelto más valiosos a los trabajadores más jóvenes: su tasa de paro ha subido en relación con la de los trabajadores más mayores&#8221;.</p>
<p>Lejos de servir de impulso, el envejecimiento de la población deprime la economía. Como se les imponen más cargas de tipo fiscal para así poder hacer frente a un número cada vez mayor de ancianos, los trabajadores responden trabajando menos, lo cual provoca que la economía se estanque. En el documental Demographic Winter (El invierno demográfico), Longman dice: &#8220;Imagine que todos sus impuestos se destinaran íntegramente a la Seguridad Social y al Medicare, pero que no recibiera la atención médica que precisa&#8221;.</p>
<p>El premio Nobel de Economía Gary Becker sostiene que nada es más imprescindible para el crecimiento que el capital humano, es decir, el conocimiento, la capacidad y la experiencia de la gente. Por eso los crecimientos demográficos con frecuencia anuncian el advenimiento de una etapa de progreso económico. Por eso los jóvenes y las empresas abandonan aquellos lugares que pierden población.</p>
<p>Un mundo sin niños sería un mundo más pobre; más gris, menos creativo, menos seguro de sí mismo. Los niños han sido siempre una bendición fabulosa; pero lo mismo tienen que desaparecer para que, de una vez por todas, comprendamos por qué.</p>
<p>Publicado en www.libertaddigital.com</p>
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		<title>¿Quién ganará, Obama o McCain?</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jul 2008 08:35:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pietro Sordi</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[American Review]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Quién va ganando en la carrera hacia la Casa Blanca? Es la pregunta que está dando la vuelta al mundo a tres meses y medio del esperadísimo voto del 4 de noviembre en las presidenciales americanas, cuando ha comenzado el tour por Europa y Oriente Medio que pone a Barack Obama en el punto de mira y a pocas semanas de las grandes convenciones de ambos partidos, Demócrata y Republicano, que lanzarán al vuelo final a Obama y a su adversario, John McCain.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> La respuesta se puede dar a tres niveles. El más sencillo es el que se basa en sondeos y el veredicto es unánime: si en USA se votara hoy, ganaría Obama. El segundo nivel, un poco más sofisticado, tiene en cuenta la tendencia de voto durante la campaña en los Estados clave, que son los que marcarán la diferencia en noviembre. Pero también en este caso la respuesta es la misma: el senador de Illinois va en cabeza. Hay por fin un tercer nivel, el del realismo, la prudencia y las lecciones de la historia, y es aquí donde residen las mejores esperanzas para McCain: todavía es pronto para dar por cerrado el desafío y hay una miríada de factores a tener en cuenta antes de que los americanos vayan a las urnas.</p>
<p>Partamos de los escenarios del primer nivel, el de los sondeos. Obama es líder, a seis puntos (45-39%) según las últimas informaciones del New York Times / CBS News. Son siete puntos para Reuters / Zogby, suben hasta nueve en la Quinnipiac University y bajan hasta tres en el sondeo del ABC News / Washington Post (49-46), a dos en la Gallup (46-44) y a uno solo en el Instituto Rasmussen (47-46). La media establecida por el Real Clear Politics, cuya web es la meca de los apasionados de la política americana, es una ventaja de Obama de 4,2 puntos. Nada clamoroso, a decir verdad. Es más. En términos estadísticos, considerando los márgenes de error, es una situación de paridad sustancial y muchos analistas esperaban una fuga más consistente por parte de Obama estas últimas semanas, visto que el senador negro domina en los medios desde que ganó el pulso con Hillary Clinton. Pero queda un dato: Obama supera desde el principio a McCain de un modo consistente y sin cesiones en los sondeos nacionales.</p>
<p>Pero el voto popular en América cuenta poco o nada. En el sistema electoral americano los que cuentan son los Estados y la contribución que cada uno de ellos aporta, en términos de &#8220;votos electorales&#8221;. Pero ni siquiera en este caso hay buenas noticias para el senador republicano. El 4 de noviembre ganará quien haya conseguido al menos 270 votos electorales y actualmente, según las estimaciones de Real Clear Politics, Obama tendría 255 y McCain, 163, con otros 120 votos electorales aún pendientes de asignar. Respecto a los Estados, no hay buenas noticias para el partido del presidente George W. Bush. Los republicanos pretenden arrebatar a los demócratas algunos Estados que éstos ganaron en 2004, pero por ejemplo en Pennsylvania Obama va siete puntos por delante; en Michigan, 7,2; en Wisconsin, 11,2; y en Minnesota, 12.</p>
<p>En cuanto a los Estados donde ganaron los republicanos en el pasado y que Obama ahora intenta conquistar, la ventaja de McCain parece menos sólida que la de su rival. McCain va por delante en Virginia sólo por un 0,7%; por un 3,8 en Carolina del Norte; 3,6 en Colorado; y 0,5 en Indiana, mientras que en Nevada ya han empatado.</p>
<p>Al senador de Arizona no le va mucho mejor en el análisis de los sondeos de los Estados indecisos, que en los últimos años han decidido el voto. En Ohio, el Estado que hace cuatro años dio a Bush la victoria decisiva contra John Kerry, Obama va 4,5 puntos por delante. En Florida, siempre un Estado clave, la ventaja de McCain se ha reducido al 2,2%.</p>
<p>Pero las buenas noticias para Obama acaban aquí. Y comienza el tercer escenario a tener en cuenta. McCain ha dado signos evidentes de recuperación en las últimas semanas, mientras que el senador de Illinois no ha mostrado la aceleración que se esperaba de un candidato que goza de una enorme cobertura mediática y de una amplia ventaja financiera sobre su adversario. Los americanos tienden en su mayoría a &#8220;sintonizarse&#8221; tarde y la historia demuestra que muchas ventajas acumuladas en los Estados se evaporan en otoño. Obama hasta ahora ha evitado cualquier oferta de su adversario para afrontar un debate cara a cara, pero pronto tendrá que resignarse a las condiciones televisivas, que en el pasado han resultado devastadoras para algunos aspirantes a presidente. La capacidad oratorio y el look del joven demócrata podría favorecerle frente al septuagenario McCain, pero su falta de experiencia también podría resultar fatal.</p>
<p> Hay otro factor que al staff de Obama no le gusta considerar, pero que es real. Es el factor racial. Mucha gente en los sondeos se declara a favor de elegir al primer presidente negro de la historia, pero luego, a la hora de votar, podrían comportarse de otro modo. Tras las primarias de New Hampshire el pasado enero, que ganó Hillary Clinton contra todo pronóstico, este fenómeno se reveló como algo real y consistente.</p>
<p>Entre los miles de factores a tener en cuenta, están también los del contexto internacional. Cualquier crisis seria en los próximos meses en el mundo, por ejemplo un ataque de Israel a Irán, desencadenaría entre los americanos un debate sobre la oportunidad de dar el mando a un hombre de 46 años sin experiencia. Otros efectos que todavía pueden influir en las elecciones son la crisis energética global, la marcha de las operaciones militares en Iraq y Afganistán, o cualquier reanudación de la amenaza del terrorismo islámico.</p>
<p>Si bien es cierto que Obama está ganando sin duda en esta etapa de la carrera, es razonable repetir que todavía no ha ganado. Y que la competición es larga y está llena de imprevistos.</p>
<p>Publicado en <a href="http://www.paginasdigital.es/">http://www.paginasdigital.es/</a></p>
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		<title>El abismo entre los logros de Obama y su ego</title>
		<link>http://www.fundacionburke.org/2008/07/20/el-abismo-entre-los-logros-de-obama-y-su-ego/</link>
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		<pubDate>Sun, 20 Jul 2008 10:21:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fundación Burke</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[American Review]]></category>

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		<description><![CDATA[Los americanos están empezando a notar la elevada opinión que tiene Obama de sí mismo. No hay ninguna novedad en el narcisismo en política. Cada senador se mira al espejo y ve un presidente. ¿Ha existido no obstante alguna vez un candidato presidencial con un vacío mayor entre su valoración de sí mismo y la suma total de sus éxitos vitales?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Barack Obama quiere dar un discurso en la Puerta de Brandenburgo. Se figura que sería un bonito fondo fotográfico. El elenco de relleno &#8212; una audiencia animando y unos cuantas frauleins desmayándose - sería una forma pintoresca de apuntalar sus credenciales en política exterior.</p>
<p>Lo que Obama no parece entender es que la Puerta de Brandenburgo es algo que te tienes que ganar. El Presidente Reagan se ganó el derecho a hablar allí porque su implacable presión había doblegado al imperio soviético y estaba reclamando la liquidación de &#8220;derribe este muro&#8221;. Cuando el Presidente Kennedy visitó la Puerta de Brandenburgo el día de su discurso &#8220;Ich bin ein Berliner&#8221;, hablaba en representación de un país dispuesto a arriesgarse a una guerra nuclear para defender el Berlín Occidental.</p>
<p>¿A quién representa Obama? ¿Y qué es lo que ha hecho exactamente durante su vida para merecer hacer uso en exclusiva de la Puerta de Brandenburgo como postal de campaña? ¿Cuál fue su papel en la lucha contra el comunismo, la liberación de Europa Oriental, la creación de lo que George Bush padre - que fue presidente durante la caída del Muro de Berlín, pero que declinó por modestia acudir allí en busca de una palmadita de victoria &#8212; llamó &#8220;una Europa entera y libre&#8221;?</p>
<p>¿No percibe Obama la incongruencia? Es lo mismo que si un político alemán realizara un viaje de campaña a América y solicitara la Estatua de la Libertad como emplazamiento de un discurso de campaña. (Los alemanes han invitado cortésmente a Obama a buscar otros lugares.)</p>
<p>Los americanos están empezando a notar la elevada opinión que tiene Obama de sí mismo. No hay ninguna novedad en el narcisismo en política. Cada senador se mira al espejo y ve un presidente. ¿Ha existido no obstante alguna vez un candidato presidencial con un vacío mayor entre su valoración de sí mismo y la suma total de sus éxitos vitales?</p>
<p>Obama es un senador con tres años de experiencia sin un sólo logro legislativo relevante que lleve su nombre, y un ex senador del estado de Illinois que se abstuvo en casi 130 ocasiones. ¿Ha redactado alguna vez una muestra de erudición notable como presidente del Harvard Law Review, como profesor de Derecho o como legislador? ¿Ha escrito un sólo artículo relevante? Su trabajo más memorable es una biografía de su tema preferido: él mismo.</p>
<p>Es un asunto en el que puede explayarse sin esfuerzo. En su discurso de victoria al obtener la nominación, Obama lo declaró el gran punto de inflexión en la historia &#8212; &#8220;las próximas generaciones podrán echar la vista atrás y decir a nuestros hijos que éste fue el momento&#8221; - en el que, entre otros milagros, &#8220;el incremento del nivel de los océanos empezó a reducirse.&#8221; Como observaba el economista Irwin Stelzer en su columna del London Daily Telegraph, &#8220;Moisés hizo retroceder las aguas, pero contó con ayuda.&#8221; Obama al parecer trabaja solo.</p>
<p>Obama puede pensar que él es rey Canute, pero el buen rey ordenó que las mareas se detuvieran precisamente para refutar a los sicofánticos asistentes que sugerían que él tenía tal poder. Obama no tiene tanta modestia.</p>
<p>Después de todo, en palabras de su propio eslogan, &#8220;somos los que esperábamos,&#8221; lo cual, traduciendo el pronombre &#8220;nosotros,&#8221; significa: &#8220;Yo soy el que esperabais.&#8221; Sorprendentemente, hizo pegar a su podio un sello cuasi-presidencial con su propia inscripción latina, hasta que el ridículo general - se precisó que no era presidente aún - le indujo a retirarlo.</p>
<p>Nos sermonea con que en lugar de preocuparnos porque los inmigrantes aprendan inglés, &#8220;debe cerciorarse de que sus hijos sepan hablar español&#8221; &#8212; una lengua que Obama no habla. Nos sermoneó además acerca de &#8220;lo vergonzoso&#8221; que es que los europeos sean políglotas pero que &#8220;nosotros visitamos Europa, y todo lo que sabemos decir es, &#8216;merci beaucoup.&#8217;&#8221; Obama no habla ni papa de francés.</p>
<p>Su fluido inglés, sin embargo, sí ofrece muchos de tales sermones, instrucciones y consejos. Su esposa nos asegura que el Presidente Obama será un supervisor severo: &#8220;Barack Obama os exigirá trabajar. Va a exigir que dejéis de lado vuestro cinismo&#8230; que salgáis de vuestro aislamiento&#8230; Barack nunca permitirá que volváis a vuestras vida de siempre, desinformados, indiferentes.&#8221;</p>
<p>Durante los primeros meses de la campaña, la pregunta sobre Obama fue: ¿Quién es? La pregunta ahora es: ¿Quién se cree que es?</p>
<p>Estamos empezando a averiguarlo. El redentor de nuestras indiferentes y desinformadas vidas. Señor de las aguas. Y más. Como decía la noche de la victoria, su llegada marca el momento en que &#8220;nuestro planeta empezó a curarse.&#8221; Según recuerdo - no soy ningún experto en la materia &#8212; Jesús obraba sus curaciones solamente a los enfermos. Obama opera a una escala mayor.</p>
<p>© 2008, The Washington Post Writers Group</p>
<p>Publicado en www.diariodeamerica.com</p>
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		<title>Cartoon: Obama, el candidato del cambio</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jul 2008 08:55:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>www.townhall.com</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[American Review]]></category>

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		<title>La estrategia de la derecha. Llevar la contabilidad de la izquierda</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jul 2008 08:52:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>GEES</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política y Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[La derecha no sólo tiene más ideas que la izquierda; las tiene mejores. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esto es algo que tanto la derecha política como la cultural debieran no olvidar nunca. Cuando la izquierda llega al poder, arruina el país, y eso con suerte. En el peor de los casos acaba arruinando la democracia. Si algo muestra la historia del siglo XX es que en el mejor de los casos la gran familia de la izquierda genera pobreza y corrupción, y en el peor, crímenes y deportaciones.En España empieza a ser normal que la derecha recoja un Estado arruinado, lo sanee y convierta el poder en algo neutral, aséptico y vacío de contenido. Culturalmente, evita hacer política, a diferencia de sus rivales izquierdistas. Estos, por el contrario, pueden arruinar al Estado, pero lo hacen llevando a cabo agresivas políticas de adoctrinamiento político y cultural. Es decir: cuando la izquierda pierde las elecciones, deja las arcas públicas en la ruina, pero deja también a la sociedad un poquito más hacia la izquierda de cómo la encontró. Y el proceso vuelve a ponerse en marcha con cada cambio de gobierno.</p>
<p>Lo ocurrido en los últimos años muestra lo peligroso de reducir la política a economía. En 1996, la derecha heredó un Estado arruinado económicamente. Gestionó y administró como sólo ella sabe hacerlo. Pero si arregló los estropicios económicos del PSOE, no hizo lo mismo con los destrozos culturales e ideológicos. Renunció a hacer cultura liberal-conservadora, a educar, a comunicar sus principios. Esto lo dejó intacto. Sólo tuvo que llegar Zapatero en 2004 para recuperar y profundizar la política cultural, moral y social que González dejó en 1996. Eso sí, con el dinero ahorrado y acumulado por el Partido Popular. Dinero a mansalva para que la izquierda lo derroche en políticas proabortistas, antinacionales y anticristianas.</p>
<p>La conclusión es que la derecha no puede esperar a que la izquierda arruine al país para aspirar al poder. Y tampoco puede gobernar sólo con criterios de eficacia económica. Lo que la izquierda sabe es que con la sociedad convenientemente pedagogizada, las penurias económicas parecen menos, no lo parecen o encuentran en Bush al enemigo. ¡No es la economía, estúpidos! Es la cultura, la moral, lo que hace perder o ganar elecciones. Por eso una sociedad ya en parte presa de los valores de la nueva izquierda -pacifismo, hedonismo, relativismo, hipersexualismo, estatalismo- se hizo el harakiri económico en marzo de 2008 votando a quien manifiestamente es incapaz de enfrentarse a la crisis económica.</p>
<p>Por eso, a la derecha sanear la economía no le debe ser suficiente. De nada valen a los intereses liberal-conservadores recoger una economía en ruina, sanearla y dejarla de nuevo en plenas condiciones para que la izquierda vuelva a adoctrinar con las arcas llenas.</p>
<p>Dos son las prioridades que debería tener el Partido Popular de ahora en adelante. En primer lugar, aceptar que la economía es sólo parte de la política. Puede ser la clave para acceder al poder en determinadas ocasiones, pero a efectos históricos, resulta suicida reducir el liberalismo a gestión económica y olvidar que determinados valores deben ser enseñados, publicitados y comunicados.</p>
<p>En relación a las ideas, la derecha debería enfrentarse, desde la oposición, sin miedo y sin remilgos, al izquierdismo moral y cultural, a sus supuestos históricos, antropológicos, filosóficos o éticos. Está bien sanear la economía; esta mejor demostrar a los ciudadanos que el proyecto propio, para España y Europa, es superior moral y políticamente al izquierdista. Lo que hace falta no es una derecha que ponga en orden la contabilidad de la izquierda cuando ésta se marcha del poder, sino una derecha que proponga una cultura y una moral no sólo alternativas, sino simétricas a las de la izquierda. La derecha no es superior a la izquierda por su tratamiento económico, sino que su tratamiento económico es consecuencia de ideas superiores.</p>
<p>En segundo lugar, no hay motivo para no enfrentarse abiertamente, no sólo a determinadas ideas, sino aquellos auténticos poderes fácticos que las sostienen y expanden. Es hora de enfrentarse a la potente maquinaria de difusión ideológica de la izquierda. No como ésta hace cuando llega al poder, mediante la purga, la persecución y el cierre de medios, sino con la ley en la mano y la igualdad de todos ante ella. Los aliados más poderosos de la derecha son la libertad de mercado y el respeto a la ley en el sector audiovisual. Acabar con el pesebrismo de la izquierda y tratar a todos por igual, sin miedo al qué dirán en El País o La Sexta es la asignatura que la derecha deberá aprobar en el futuro. Y es que la experiencia demuestra que, en igualdad de condiciones, la derecha tiene una vitalidad y un ímpetu superior a la izquierda.</p>
<p>Gran parte de la crisis que arrastra el Partido Popular proviene del hecho de que la derecha tiende a comportarse simplemente como la contable de la izquierda. Pues bien: un proyecto de futuro deberá superar esta visión reduccionista de la política. Porque esperar sentados a que el PSOE arruine España para sanearla y sin más proyecto que el económico será pan para hoy y mucha más hambre liberal-conservadora para mañana. Y este proyecto puede empezar perfectamente a construirse desde la oposición.</p>
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		<title>Obama- Kennedy y McCain-Nixon</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jul 2008 12:22:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Pérez Maura</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[American Review]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando una campaña presidencial puede llegar al mes de julio con errores de este calibre, mientras enfrente tiene un equipo que es capaz de utilizar a las niñas del candidato con hábil intención electoral, las perspectivas para McCain toman color de teléfono antiguo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Algunos parecen no aprender nunca y otros aprenden demasiado rápido. Empecemos por los últimos. Pedro Rodríguez nos contaba el viernes en ABC cómo el senador Obama ha llegado al extremo de emplear televisivamente a sus niñas de diez y de siete años en su campaña electoral. Tan burdo uso de unas menores hizo sonar las alarmas y horas después Obama pedía disculpas, pero la imagen deseada se había transmitido ya. Qué duda cabe, fue un muy hábil impacto televisivo. Horas antes Obama había robado el escenario de la más influyente plataforma latina, la Liga de Ciudadanos Latinos Unidos (Lulac). Hasta ahora, el claro favorito entre los latinos era McCain. Después de su muy pobre actuación ante la Lulac el pasado martes, la figura ascendente entre esta comunidad es Obama. McCain intervino por la mañana. Ofreció el discurso típico de la campaña, sin mensajes específicos para el auditorio. Su entrada en escena estuvo acompañada de una melodía de hilo musical propia de un ascensor de rascacielos y lo presentó un dirigente de la Lulac al que no conocían ni los afiliados de la organización. En cambio, Obama entró en escena a ritmo de música de Shakira, hizo un discurso milimétricamente dirigido a la audiencia allí presente y sus palabras fueron introducidas por uno de los cargos latinos más relevantes del país, el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa.</p>
<p>Es cierto que la campaña de McCain ha estado mudando cargos en los últimos días. Si el despropósito aquí mentado es achacable al equipo saliente de su campaña, bien largados están. Pero cuando una campaña presidencial puede llegar al mes de julio con errores de este calibre, mientras enfrente tiene un equipo que es capaz de utilizar a las niñas del candidato con hábil intención electoral, las perspectivas para McCain toman color de teléfono antiguo. Obama gusta decirse el nuevo Kennedy. Ahora pretendía ir a Berlín y hablar ante la Puerta de Brandenburgo. Quizá tampoco le hiciera falta si McCain sigue actuando como el sudoroso Nixon del debate televisivo de 1960.</p>
<p>Publicado en <a href="http://www.abc.es/">http://www.abc.es/</a></p>
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		<title>14 de julio, ¿de verdad hay algo que celebrar?</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jul 2008 12:20:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Vargas Rubio</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política y Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya es hora de que digamos alto y claro que la Revolución Francesa no es un acontecimiento del que la Humanidad pueda estar orgullosa, ni el 14 de julio, su fecha emblemática, algo que haya que celebrar. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Se ha hecho célebre la respuesta que dio a Luis XVI el duque de La Rochefoucauld-Liancourt, gran maestre del Guardarropa del Rey, cuando le preguntó si los disturbios de París del 14 de julio de 1789 eran una revuelta: &#8220;No Sire, una revolución&#8221;. Revueltas -y serias- las había habido en Francia en el pasado: en 1358, en plena crisis provocada por la Guerra de los Cien Años, la de los campesinos, conocida como la Jacquérie; en 1628, la de los hugonotes en La Rochelle; entre 1648 y 1652, la de la Fronda, parlamentaria y aristocrática; en 1702, la de los Camisards, contra las &#8220;dragonadas&#8221; que siguieron a la revocación del Edicto de Nantes; en fin, la de los parlamentos otra vez en 1770, contra la reforma de Maupeou, que provocó su disolución por Luis XV al año siguiente. Sin embargo, aunque se había tratado de intentos de subvertir el orden sobre el que reposaba la sociedad francesa, no se había pretendido cuestionar el sistema mismo, sino modificar el equilibrio de las distintas fuerzas de las que éste constaba. La frase del duque de La Rochefoucauld-Liancourt, si fue efectivamente pronunciada, era exacta y manifestaba la existencia de un movimiento sin precedentes en cuya vorágine iba a ser tragado el Antiguo Régimen.</p>
<p>Se ha querido ver en las revoluciones inglesas de 1648 y 1688 sendos precedentes a la francesa de 1789. Aunque el ataque al principio de la legitimidad regia es el mismo en las tres, no ha de olvidarse que en Inglaterra se trató simplemente de la transferencia del poder de la Corona a la aristocracia mediante la sumisión forzosa de aquélla a ésta. La Guerra de los Cien Años (1337-1453) y la de las Dos Rosas (1455-1485) habían diezmado a la nobleza del otro lado del Canal, poniéndola a la merced y al capricho de los reyes Tudor, que redujeron al Parlamento a sumisión (sumisión por lo demás interesada, porque las grandes familias inglesas se beneficiaron del expolio de la Iglesia Católica bajo Enrique VIII, Eduardo VI e Isabel I, volviendo a ser de este modo, y aun más que antes, grandes propietarios). Bajo los Estuardo, las fuerzas de la nobleza se sintieron lo bastante fuertes como para desafiar el poder de la Corona (paradójicamente por el tiempo en el que Jacobo I y VII, el rey teólogo, acababa de proponer su teoría sobre el poder divino de los monarcas, la más acabada expresión del absolutismo). Lo hicieron en 1648, capitaneadas por Cromwell, que destronó y cortó la cabeza a Carlos I (el infortunado nieto de María Estuardo). Pero Inglaterra se aburrió de la puritana dictadura republicana y devolvió el trono a la dinastía. No por mucho tiempo. En 1688, Guillermo de Orange se puso al frente de la llamada Glorious Revolution, que mandó al exilio definitivo a los Estuardo y sancionó el triunfo definitivo del régimen aristocrático en la Gran Bretaña e Irlanda, donde desde entonces una oligarquía propietaria se encargó de gobernar mientras a la Corona se le dejaba tan sólo la pompa y circunstancia.</p>
<p>En Francia, en cambio, se trató de algo distinto, más profundo y de más alcance, que iba a trastornar no el sistema político de un país, sino también el orden y las ideas sobre las que se asentaba la propia Civilización Occidental. Todo había comenzado como un problema financiero de carácter coyuntural en un país que era el más próspero y avanzado de Europa (la idea de una Francia sumida en la injusticia y el atraso es un mito). Un rey muy bien intencionado como Luis XVI, imbuido de las ideas humanitarias de bienestar y beneficencia que estaban de moda en la segunda parte del siglo XVIII, recurrió a una vieja institución de la monarquía capeta y convocó los Estados Generales, es decir la reunión de los tres órdenes que conformaban la sociedad: el clero, la nobleza y el pueblo llano. Desde 1614 no se había reunido esta asamblea y los tiempos no aconsejaban convocarla a menos que se tuviera la certeza de poder controlarla, cosa que hubiera podido hacer el enérgico Luis XV (que no era un indolente como se lo ha querido representar), pero no su nieto, rey muy feneloniano, carente del temple que exigían las circunstancias. Sin quererlo, Luis XVI puso en marcha una maquinaria que todo lo arrolló, como si hubiera cobrado vida propia con un afán destructor, algo así -y perdónesenos el anacronismo- como una rebelión robótica. Pero la Revolución no surgió por generación espontánea. Se hallaba ya planteada en los escritos de los autores del Iluminismo, en la filosofía política importada por ellos de Inglaterra, en la alegre e irresponsable inconsciencia de una nobleza libertina y olvidadiza de sus deberes a la que fascinaban las ideas de moda por el gusto mismo de la moda, en las secretas ambiciones de poder de una emergente burguesía (que, sin embargo, debía su fortuna a la monarquía, que le había dado carta de libertad en desafío del feudalismo).</p>
<p>Libertad, Igualdad, Fraternidad. Derechos del Hombre y del Ciudadano. Los revolucionarios creían haber descubierto la rueda y ésta estaba descubierta hacía ya siglos. Estos principios no son otros que los que el Cristianismo predicó desde su nacimiento en Galilea y extendió benéficamente a todo lo largo y ancho del Imperio Romano, mediante la difusión del Evangelio. Libertad, la santa libertad de los hijos de Dios, que consiste en la capacidad de obrar el propio deber sin coacción y por convicción y que no es de ningún modo realizar el propio capricho o el del tirano de turno. Igualdad, la igualdad fundamental de naturaleza que existe entre todos los hombres, creados a imagen y semejanza de Dios; la igualdad moral, que surge de la misma finalidad que tienen todos los seres humanos y de los mismos imperativos de hacer el bien y evitar el mal; la igualdad sobrenatural de los que viven la misma vida de la gracia. Fraternidad, la fraternidad de los que reconocen en Dios a un mismo Padre y se reconocen mutuamente, en consecuencia, como hermanos; la fraternidad que nace de la solidaridad, del amor y de la abnegación; la que no ve al hombre como un lobo para el hombre o como un competidor con el que hay que pactar por fuerza para no ser atropellado por él. Derechos del Hombre, que surgen como correspondientes de los deberes. Los hombres tienen derechos porque tienen deberes. No se comprende una cosa sin la otra. Derechos del Ciudadano, ya los predicó la Iglesia resumiéndolos en un concepto hoy por desgracia olvidado: el bien común, que es la razón de que el Estado exista. Los ciudadanos tienen derecho a exigir de sus gobernantes que administren el Estado en vistas al bien común, según el criterio de la justicia: la conmutativa, la distributiva y la social. Para enterarnos de todo esto no hacía falta, pues, la Revolución. Lo que pasa es que ésta subvirtió el verdadero sentido de estos sagrados principios, los bastardeó y los impuso por medio de sus contrarios: el sojuzgamiento, la discriminación, el fratricidio, decretos arbitrarios, leyes draconianas y el aplastamiento del bien común para el beneficio de un sector determinado del cuerpo social.</p>
<p>Ya es hora de que digamos alto y claro que la Revolución Francesa no es un acontecimiento del que la Humanidad pueda estar orgullosa, ni el 14 de julio, su fecha emblemática, algo que haya que celebrar. En todo caso sí que debería conmemorarse como ejemplo de hasta dónde pueden llegar las pasiones humanas desencadenadas y privadas del freno de la razón y que no se debe repetir. Ya en otras ocasiones hemos mostrado cómo la toma de la Bastilla, lejos de ser un símbolo encomiable constituye una vergüenza que más valdría que se cubriera, como la desnudez del ebrio padre Noé. Porque ese día de 1789, el pueblo francés fue emborrachado, pero de sangre, de fuego, de violencia, triste presagio de los amargos y negros días que no tardarían en llegar. El mundo quedó horrorizado en los años setenta del siglo pasado con unas fotos en las que se exhibían presuntamente soldados del ejército colonial portugués con cabezas de angoleños clavadas en las bayonetas de sus fusiles. Pues bien, el 14 de julio de 1789 fue precisamente lo que se vio pasear por las calles revolucionadas de París: las cabezas de pobres funcionarios sin otra culpa que el cumplimiento cabal del deber, clavadas en las picas de los exaltados criminales y caníbales a que dio rienda suelta el desorden, planeado y dirigido desde los clubes políticos. Sin embargo esto no produce la repulsa de los republicanos, descendientes y sucesores de los jacobinos, que cada año festejan la nefasta fecha como si fuera una conquista de la Humanidad.</p>
<p>No olvidemos el balance de la aventura revolucionaria: el saldo bien ha merecido que se escriba de ella todo un libro negro (que ya en su momento tuvimos el honor de reseñar). Abolición de un sistema político razonablemente estable y respaldado por la Historia, que dio paso a dos siglos de fluctuaciones y desórdenes. Aparición del fenómeno del terrorismo, el más grave flagelo actual del género humano. Perpetración del primer genocidio programado de la Historia: el de la Vendée, paradójicamente aún no oficialmente reconocido y por el que no se ha pedido perdón a los descendientes de las víctimas y a las regiones mártires (en una época singularmente afectada por el complejo de culpa). Persecución religiosa cruenta: la primera sistemática de los tiempos modernos desde el poder. Supresión de los gremios y corporaciones y de la noción del justo precio para dar paso al liberalismo económico, basado en las inicuas leyes del mercado (hoy se redescubren los valores del comercio justo como una alternativa válida al callejón sin salida del capitalismo globalizado). Imposición de la uniformidad legal (derecho escrito), con desprecio de las tradiciones jurídicas particulares, que conformaban una legítima y más humana diversidad (derecho consuetudinario). La codificación forzosa de todo el aparato legal fue un instrumento más de dominio para el poder y el vehículo de una política de policía a su servicio. Las Guerras Napoléonicas, que acabaron con la sabia política europea de equilibrio, inauguraron la era de las grandes conflagraciones y acabaron con la vida de millones de personas. La importación a gran escala de los principios revolucionarios, convertidos en premisas de consecuencias más deletéreas y destructivas: el nazismo totalitario y el comunismo marxista, en efecto, fueron hijos de la Revolución y ya se sabe el coste en sufrimiento, sangre y vidas que estos inhumanos sistemas significaron.</p>
<p>La Revolución cambió la faz de Francia y de Europa, también la del resto del mundo en diferente medida. Mucho nos tememos que no haya sido para mejor. Tenemos regímenes representativos y democráticos, pero precisamente 1789 es la prueba de que el pueblo puede ser manipulado y equivocarse miserablemente. Hoy nuestra civilización es una civilización de muerte, que predica y apoya la muerte: la de los inocentes (el aborto), la de los más indefensos (la eutanasia), la de la justicia (la indefensión jurídica ante la delincuencia), la de los más pobres (el capitalismo liberal salvaje), la de los desheredados de la Tierra (no queremos que vengan los inmigrantes, pero tratamos y comerciamos con sus opresores), la del sentimiento religioso (el laicismo, que es sólo un disfraz del ateísmo). Y curiosamente lo hace en nombre de la sociedad del bienestar, el mismo mito de los iluministas. Es la triste herencia del 14 de julio y, sinceramente, no es para estar orgullosos.</p>
<p>Publicado en <a href="http://www.elmanifiesto.com/">http://www.elmanifiesto.com/</a></p>
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		<title>Chateaubriand: El genio del cristianismo</title>
		<link>http://www.fundacionburke.org/2008/07/11/chateaubriand-el-genio-del-cristianismo/</link>
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		<pubDate>Fri, 11 Jul 2008 07:30:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Golmar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cultura y Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Pocos autores supieron describir el lacerante tránsito del Antiguo Régimen a la igualdad ante la ley y el liberalismo como Chateaubriand, testigo apesadumbrado de algunos de los episodios más importantes de la Revolución Francesa y crítico implacable de Napoleón... y de todos los excesos. Cronista de las convulsiones sociales y políticas que le tocó vivir y precursor del romanticismo, Chateaubriand firma en El genio del cristianismo algunas de las páginas más brillantes de los últimos 250 años.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Transido de dolor por las tragedias que los excesos de la Revolución causaron a su familia, este miembro de la pequeña nobleza bretona escribe desde su duro exilio londinense (&#8221;El hambre me devoraba; me consumía de ansiedad [&#8230;] chupaba trozos de ropa que empapaba en agua[&#8230;]&#8221;) un <em>Ensayo histórico sobre las revoluciones</em> y comienza a gestar lo que sería la primera de sus grandes obras, <em>El genio del cristianismo</em>. Muchos han querido ver en este libro una reacción de Chateaubriand contra el espíritu nihilista y destructor latente en numerosos escritos de la Ilustración. Sin embargo, nada más lejos de él que presentarse como un reaccionario, pues aborrece por igual la soberbia de los modernos y la injusticia de los antiguos (durante su viaje a los EEUU celebra alborozado estar en &#8220;estas orillas de la aurora que no han conocido jamás la servidumbre&#8221;).</p>
<p>Más allá de la ingenuidad y las desviaciones teológicas en que incurre su autor, <em>El genio&#8230;</em> puede ser considerado un auténtico ajuste de cuentas vital, espiritual y social con algunos de los pronunciamientos más duros de los protagonistas de la Revolución Francesa. Así, resuena sin cesar en estas páginas una de las citas más crueles de Danton, reproducida por el propio Chateaubriand en sus <em>Memorias de ultratumba</em>:</p>
<p><em>Estos curas y nobles no son en absoluto culpables, pero es preciso que mueran porque están fuera de época, estorban el movimiento de las cosas y son un impedimento para el porvenir. </em></p>
<p>A refutar esta ominosa condena de muerte, reiterada y ejecutada a lo largo del siglo pasado por tiranos de distinto signo, parece estar dirigido el ingenio de Chateaubriand, quien de forma brillante demuestra no sólo que las ideas del pasado no son un obstáculo para el progreso, sino que éste no se puede entender sin las aportaciones de quienes nos precedieron. No existen, pues, las tablas rasas, sino un proceso de acumulación que trasciende fronteras y credos religiosos y en cuya cúspide nuestro autor sitúa el cristianismo, motor imparable de la belleza, la razón (sí, también la razón, como reconocieron los mismos ilustrados) y, por qué no decirlo, la pasión. Una inclinación canalizada, domeñada y dulcificada por los sacramentos y las virtudes cristianas, asunto que ocupa los primeros libros de la primera parte de la obra (&#8221;Dogmas y doctrina&#8221;) y la novela <em>Atala</em>, que se incluye aquí precisamente para ilustrar esta cuestión. Así, la confesión se presenta como el único remedio a la desesperación del culpable:</p>
<p><em>¿En qué seno descargaría el peso de su corazón? ¿Acaso en el de un amigo? Mas, ¿quién puede contar con la amistad de los hombres?¿Buscaría los desiertos como continentes?</em></p>
<p>En <em>El genio&#8230;</em> se dan cita algunos de los temas predilectos del romanticismo, condensados en esta deliciosa descripción de los antiguos desposorios:</p>
<p><em>Dos gaiteros precedían a la comitiva tocando romances caballerescos o cánticos de peregrinos. Los siglos salían de sus góticas tumbas para acompañar con sus antiguas costumbres y sus vetustos recuerdos a aquella alegre juventud</em>.</p>
<p>Una juventud que autores posteriores retratarán de forma pavorosa, acosada por innumerables peligros y seres ominosos y concupiscentes, aunque podríamos decir que en cierta forma Chateaubriand presenta los elementos de la trama. Basta trocar los plácidos paisajes primaverales propuestos por éste por un entorno tormentoso u otoñal.</p>
<p>Esta primera parte concluye con una demostración de la inmortalidad del alma, probada por la moral y el sentimiento, en la que encontramos otra de las constantes de la obra, la diferenciación entre los distintos tipos de descreídos:</p>
<p><em>Hay dos clases muy diferentes de ateos: los primeros, consecuentes en sus principios, declaran sin titubear que no hay Dios (&#8230;) Los segundos son la gente honrada del ateísmo, los hipócritas de la impiedad: hombres ridículos que con fingida mansedumbre se arrojarían a todos los excesos para defender su sistema, y que os llamarían sus hermanos al degollaros; y aunque sus labios pronuncian sin cesar las palabras moral y humanidad, esos seres son triplemente perversos, porque unen a los vicios del ateo la intolerancia del sectario y el orgullo del autor</em>.</p>
<p>De nuevo, el espíritu de Danton y los suyos.</p>
<p>La segunda parte, dedicada a la poética del cristianismo, es la más fácil de aprehender&#8230; y la más sugerente. Los lectores de Harold Bloom y sus discípulos, como la libertaria y rabiosamente antifoucaultiana Camile Paglia, encontrarán aquí el origen de muchas de las ideas de numersos autores contemporáneos, o al menos su método de trabajo. Los análisis de obras como <em>El Infierno</em> de Dante y el <em>Paraíso perdido</em> de Milton (&#8221;Fue el primer poeta que concluyó la epopeya con la desgracia del protagonista [&#8230;] Séanos permitido creer que hay algo más interesante, más grave, más análogo a la condición humana, en un poema que se desenlaza en infortunio, que en el que termina en una felicidad&#8221;) son todo un alivio y una bocanada de aire fresco y de sensibilidad, si los comparamos con las pesadas, a veces ilegibles y casi siempre ininteligibles producciones de las escuelas posmoderna, poscolonial, <em>queer</em>, etc.</p>
<p>A las bellas artes y la literatura consagra Chateaubriand la tercera parte, que arranca con unas bellísimas y conmovedoras alusiones a la influencia del cristianismo en la música, y con las que me atrevo a afirmar más de un artista se sentirá plenamente identificado:</p>
<p><em>La religión cristiana es esencialmente melodiosa, por la única razón de que ama la soledad. No es esto decir que sea enemiga del mundo, pues, lejos de ser así, se muestra muy amable; pero esta celestial Filomena prefiere los asilos ignorados.</em></p>
<p>Una referencia que, viniendo de quien viene, se antoja autobiográfica. Por lo demás, constituye una respuesta perfecta para el que compone, pinta o escribe no para que lo festejen -que también-, sino a veces simplemente para que le dejen en paz. También el cristianismo se ocupa de ello.</p>
<p><em>El genio&#8230;</em> concluye, como no podía ser de otra forma en Chateaubriand, con una parte dedicada al culto y con una cuestión que en nuestros días cobra gran actualidad política debido a los planes del actual Gobierno de España: los servicios que el clero y la religión cristiana en general prestan a la sociedad. Al conocido argumento de la salvación de la sociedad y del mundo romano , Chateaubriand incluye el efecto apaciguador de la religión cristiana, que actúa como contrapeso del fanatismo. En un curioso giro que en cierta forma se asemeja a los argumentos que autores como John Stuart Mill expondrían a favor de la religión (otra cosa es que uno crea o no), el autor sostiene:</p>
<p><em>Aun cuando se negaran al cristianismo sus pruebas sobrenaturales, permanecería en todo el esplendor de la sublimidad de su moral, en la inmensidad de sus beneficios, en la hermosura de sus pompas, y podría con tan brillantes datos demostrarse evidentemente que es el culto más divino y puro que han profesado los hombres</em>.</p>
<p>Cuesta mucho no estar de acuerdo.</p>
<p>Por último, cabe felicitar a <a target="_blank" href="http://www.ciudadela.es/cream/?page=10">Ciudadela Libros</a> por la esmerada y cuidada edición de esta magna obra. La traducción, magnífica, es de Manuel M. Flamant, y está fechada en la segunda parte del siglo XIX. El texto viene acompañado de unas preciosas ilustraciones que recuerdan a las de Gustavo Doré y que pertenecen a una edición anterior realizada por Saturnino Calleja, a quien los más viejos del lugar recordarán por sus cuentos infantiles. Me atrevo a decir que el mismo Chateaubriand, siempre puntilloso y crónicamente insatisfecho con sus editores, se habría mostrado complacido con la forma en que Ciudadela ha sabido rescatar lo mejor de su genio, en todas y cada una de las acepciones del término, tras más de tres décadas de silencio.</p>
<p>Confío en que esta vez un hecho de este importancia no pase inadvertido al público lector en español. Los clásicos nunca están de más.</p>
<p><strong>VIZCONDE DE CHATEAUBRIAND: <em>EL GENIO DEL CRISTIANISMO. BELLEZAS DE LA RELIGIÓN CRISTIANA</em>. Ciudadela (Madrid), 2008, 623 páginas. </strong></p>
<p>Publicado en <a href="http://www.libertaddigital.com/">http://www.libertaddigital.com/</a></p>
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		<title>Cartoon: última reunión de Bush en el G8</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jul 2008 09:49:27 +0000</pubDate>
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